En las últimas semanas se concretó el despido de una docena de trabajadores, y el temor entre los representantes gremiales crece ante la posible caída de un Procedimiento Preventivo de Crisis.
De renovarse dicho procedimiento por parte de Sadesa, podría derivar en el despido de alrededor de 100 empleados y la suspensión de otros 200, quienes pasarían a cobrar la mitad de su salario.
La firma, que en su momento de mayor actividad llegó a dar empleo a más de 2.000 personas, cuenta hoy con cerca de 400 operarios y administrativos en Esperanza. La empresa argumenta una caída sostenida en el mercado y dificultades para sostener la operación en las condiciones actuales.
Los trabajadores, en cambio, leen el escenario con desconfianza. Ven en el ajuste una maniobra para forzar una reducción de las condiciones laborales, y señalan que muchos operarios con más de diez años de antigüedad ya perciben salarios que no llegan a cubrir el costo de la canasta básica.
El contexto de la crisis se enmarca en dos procesos que vienen deteriorando al sector curtidor local. Por un lado, cambios en el esquema de retenciones impulsados por el Ministerio de Desregulación que, según la industria, favorecieron la exportación de cuero crudo por encima del procesado, quitando competitividad a las plantas que agregan valor. Por otro, Sadesa viene relizando una relocalización de parte de su producción hacia países como Tailandia, Paraguay y Vietnam.
A estos factores se suman antecedentes que ya habían encendido señales de alerta: el cierre previo de plantas en San Luis y Las Toscas marcó el camino de una empresa que fue durante décadas un pilar del modelo exportador argentino basado en la industrialización del cuero y que llegó a proveer a marcas globales como Nike y Adidas.





















