La interna en La Libertad Avanza sumó un nuevo y candente episodio tras un duro cruce público entre la vicepresidenta Victoria Villarruel y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, una disputa que dejó al descubierto las crecientes fisuras sobre la legitimidad y el rumbo del gobierno de Javier Milei.
El conflicto escaló luego de que la titular del Senado utilizara sus redes sociales para lanzar un durísimo mensaje contra sectores de la dirigencia tradicional, a quienes acusó de intentar desestabilizar al Ejecutivo y desconocer el mandato popular surgido de las urnas en 2023.
Uno de los exponentes de la casta política a la que nos enfrentamos en el 2023 y le ganamos, pretende causar daño a la institucionalidad y conspirar contra el orden republicano de nuestra Patria.
— Victoria Villarruel (@VickyVillarruel) July 31, 2026
Ésta fue una fórmula mixta que surgió espontáneamente para quebrar la hegemonía de…
En su publicación en la red X, la vicepresidenta apuntó directamente contra las prácticas de la vieja política, reivindicó la fórmula presidencial como una respuesta espontánea frente a la hegemonía del sistema tradicional y lanzó que uno de los exponentes de la casta política busca conspirar contra el orden republicano y causar daño a la institucionalidad de la Patria, cerrando con un contundente llamado a respetar el voto popular.
La respuesta de la Casa Rosada no se hizo esperar y el jefe de Gabinete salió al cruce durante una entrevista radial, donde tildó las declaraciones de Villarruel como exageradas, improcedentes y totalmente alejadas de la responsabilidad institucional que requiere su cargo.
En un tono firme, Santilli redobló la apuesta y sugirió de forma directa que, si la vicepresidenta considera que su postura es incompatible con la conducción del Ejecutivo, debería dar un paso al costado y competir por su propio espacio político, remarcando que sus cuestionamientos públicos no solo representan agravios, sino que contradicen la fórmula electoral que integró.
Este nuevo chispazo evidencia la marcada brecha que atraviesa al oficialismo, divido entre la postura de Villarruel sobre supuestas presiones externas para condicionar la agenda de gobierno y la mirada del Gabinete, que considera que los ataques mediáticos de la vicepresidenta entorpecen la gestión y siembran incertidumbre en la estabilidad política nacional.




















