La postal aérea de Rosario dista de ser la de una ciudad con aspiraciones de centralidad regional y de ser la segunda ciudad del país. Hoy, el aeropuerto local ocupa el puesto 11 en cantidad de vuelos dentro de Argentina, muy lejos de los principales nodos: Aeroparque Jorge Newbery, Aeropuerto Internacional de Ezeiza y el aeropuerto de Córdoba, que concentran la mayor actividad.
Uno de los principales problemas es la falta de continuidad en las rutas. La oferta aérea en Rosario es, en gran medida, estacional: cambia según la época del año, responde a picos turísticos y carece de estabilidad. Esto genera una dinámica imprevisible para pasajeros frecuentes y operadores turísticos. Cambia la estación, cambia la grilla de vuelos. Lo que hoy existe, mañana desaparece.
A diferencia de otras ciudades con una programación constante durante todo el día, Rosario no logra consolidar rutas permanentes ni frecuencias sostenidas. Esta irregularidad impacta directamente en la competitividad de la ciudad, que pierde atractivo para negocios, congresos y eventos internacionales.
Problemas operativos y quejas de usuarios
A la limitada oferta se le suma un funcionamiento interno cuestionado. Usuarios reportan desorganización en el trabajo del personal y situaciones que no se ven en otros aeropuertos del mundo. Una de las críticas más repetidas apunta a la apertura tardía de la sala de embarque: en muchos casos, se habilita apenas minutos antes de la salida del vuelo.
Esto impide que los pasajeros puedan ingresar con anticipación para utilizar servicios como salas VIP o simplemente esperar con mayor comodidad. La experiencia de viaje, en este contexto, se vuelve más estresante y menos eficiente.
Otro punto conflictivo es el free shop. Cada vez que coincide una partida o arribo internacional, el espacio se satura rápidamente. Con apenas uno o dos empleados para atender, las demoras se multiplican y muchos pasajeros optan por retirarse sin realizar compras, lo que representa una pérdida económica y una mala imagen del aeropuerto.
Falta de competencia y rutas clave ausentes
La conectividad con Buenos Aires es otro de los puntos críticos. Actualmente, la dependencia de Aerolíneas Argentinas limita la competencia y mantiene tarifas elevadas. En este escenario, crece el reclamo por la llegada de nuevas compañías como JetSMART u otras low cost que puedan dinamizar el mercado, bajar precios y ampliar la demanda.
Hoy, muchos pasajeros optan por el micro debido a los costos y la falta de opciones, algo que refleja el desaprovechamiento del potencial aéreo de la ciudad.
Pero hay una ausencia que resulta aún más llamativa: la falta de un vuelo directo entre Rosario y Córdoba. Se trata de las dos ciudades más importantes del país después de Buenos Aires, y sin embargo no cuentan con una conexión aérea directa. Esta desconexión limita el intercambio comercial, turístico y académico entre ambos polos.
Impacto en el desarrollo de la ciudad
Operadores turísticos consultados por VersiónRosario advierten sobre las consecuencias de este escenario. “La escasa oferta de vuelos y la mala conectividad que tiene la segunda ciudad del país en su aeropuerto hace que Rosario quede apartada de muchas cosas y espante grandes eventos o congresos”, señalaron.
En contraste, Córdoba presenta una oferta aérea que, en algunos casos, triplica o cuadruplica la cantidad de vuelos diarios de Rosario. Esa diferencia no solo se traduce en mayor movimiento de pasajeros, sino también en oportunidades económicas que Rosario pierde.
La falta de una política aerocomercial clara y sostenida en el tiempo deja a la ciudad en una posición rezagada. Mientras otras plazas crecen y consolidan su conectividad, Rosario parece estancada, con un aeropuerto que funciona a media máquina y sin señales claras de cambio.
El desafío no es menor: requiere planificación, apertura a nuevas aerolíneas y mejoras en la gestión operativa. Sin eso, Rosario seguirá volando bajo.




















