El reclamo argentino por la soberanía de las Islas Malvinas volvió a ganar centralidad este jueves a partir de dos movimientos simultáneos: por un lado, Javier Milei aseguró que su gobierno está logrando avances “como nunca se han hecho” en la cuestión; por otro, una filtración del Pentágono reveló que la administración de Donald Trump evalúa revisar su respaldo diplomático al Reino Unido sobre el archipiélago como parte de una serie de represalias contra aliados de la OTAN que no acompañaron la ofensiva contra Irán.
El Presidente afirmó que la Argentina está haciendo “todo lo humanamente posible” para recuperar las islas y remarcó que la soberanía “no se negocia”, aunque reconoció que el desenlace no depende solo del país. En ese marco, sostuvo que su gestión instaló el tema en todos los foros internacionales y que viene consiguiendo apoyos que, según su visión, no se habían obtenido antes. Entre esos respaldos mencionó a Chile y destacó el trabajo diplomático que llevaron adelante Diana Mondino, Gerardo Werthein y Pablo Quirno.
Las declaraciones de Milei quedaron atravesadas por una novedad geopolítica de alto impacto. Según publicó Reuters y replicó La Nación, un correo interno que circula en las altas esferas del Departamento de Defensa de Estados Unidos contempla distintas opciones para castigar a socios de la OTAN que se mostraron reticentes a colaborar en la guerra contra Irán. Entre esas alternativas aparece la posibilidad de reconsiderar el apoyo diplomático estadounidense a “posesiones imperiales” europeas de larga data, con mención explícita a las Islas Malvinas.
El documento también incluiría otras medidas de presión, como marginar a países considerados “difíciles” de cargos relevantes dentro de la OTAN e incluso evaluar una suspensión simbólica de España del bloque. De acuerdo con la información citada, el malestar de Washington se originó en la negativa o tibieza de algunos aliados para conceder derechos de acceso, bases y sobrevuelo a las operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente.
En ese contexto, la relación entre Trump y el primer ministro británico Keir Starmer atraviesa un momento especialmente delicado. La filtración se conoció después de que el presidente norteamericano cuestionara con dureza a Londres por no acompañar de manera plena la ofensiva contra Irán. Según las coberturas, Trump llegó a tildar a Starmer de “cobarde” y a ridiculizar el peso militar británico, en una escalada verbal que ahora amenaza con trasladarse al terreno diplomático.
El Reino Unido reaccionó con rapidez para bajar el tono de la especulación. Un portavoz de Starmer afirmó que la soberanía británica sobre las islas “no está en cuestión” y remarcó que la posición de Londres no cambió. La respuesta oficial volvió a apoyarse en el argumento de la autodeterminación de los isleños y en el referéndum realizado en 2013, consulta que Argentina no reconoce.
Más allá de que por ahora no hubo un cambio formal en la postura de Washington, la sola posibilidad de una revisión ya generó fuerte repercusión en medios británicos y reabrió una discusión sensible en el Atlántico Sur. Hoy, la posición oficial del Departamento de Estado sigue siendo que las islas están administradas por el Reino Unido, aunque reconoce que la Argentina mantiene un reclamo de soberanía. La filtración sugiere que ese equilibrio podría quedar sujeto a la lógica de presión internacional que Trump aplica sobre sus aliados.
Así, la cuestión Malvinas quedó atravesada por una combinación inédita de diplomacia argentina, alineamientos personales entre Milei y Trump, y tensiones dentro de la OTAN. Para el Gobierno argentino, el momento aparece como una oportunidad para reforzar el reclamo; para Londres, como una señal de alarma en medio de una relación cada vez más áspera con Washington.




















