El rock nacional pierde a uno de sus arquitectos más versátiles y creativos. A los 68 años falleció Daniel Melingo, un multiinstrumentista excelso cuya trayectoria traza una línea perfecta entre la efervescencia de la primavera democrática en los años 80 y la profunda reinvención del tango contemporáneo. La triste noticia llega en un momento de plena actividad para el artista, quien se encontraba ultimando detalles para el lanzamiento de su disco Tangos bajos (Rework) y un show consagratorio programado para el 21 de septiembre en el Teatro Coliseo.
La huella de Melingo en el cancionero popular argentino es imborrable. A principios de la década del 80, fundó junto a Pipo Cipolatti Los Twist, una agrupación que pateó el tablero de la época con ironía, humor y ritmos bailables. El emblemático álbum debut de la banda, La dicha en movimiento (1983), grabado en tiempo récord bajo la producción de Charly García, funcionó como una ráfaga de aire fresco frente a los años oscuros de la dictadura y los últimos suspiros del rock progresivo, metiendo de lleno al país en la era de la new wave.
Pero su curiosidad y talento no se detuvieron allí. Melingo fue un verdadero trotamundos de las bateas: integró las filas de Los Abuelos de la Nada durante tres discos fundamentales y prestó sus servicios como sesionista para el brasileño Milton Nascimento.
Su estatus de músico de culto se terminó de sellar al sumarse a la banda de Charly García, participando activamente en la grabación de Piano Bar (1984), una de las obras cumbres del rock en español. En sus últimos años, volcó toda esa escuela del under porteño al universo del tango, demostrando que la vanguardia y la tradición siempre caminan de la mano.




















