La Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina (FTCIODyARA) y el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros (SOEA) de San Lorenzo declararon este miércoles una Huelga Nacional Aceitera por tiempo indeterminado.
La gota que rebalsó el vaso: una paritaria incumplida
El conflicto tiene su origen en un compromiso asumido durante la negociación colectiva del año pasado. Las partes habían acordado que entre el 27 de abril y el 2 de mayo de 2026 se revisarían las variables económicas del país para negociar los aumentos necesarios. Sin embargo, cuando llegó el momento de sentarse a negociar, las patronales aceiteras y de biodiésel —nucleadas en la CIARA— presentaron una propuesta de recomposición salarial de 0% para mayo, con actualizaciones futuras atadas exclusivamente al índice de inflación del INDEC.
Para los gremios, esa propuesta no solo incumple el espíritu del acuerdo anterior, sino que representa una trampa: el índice del INDEC, argumentan, no refleja el costo real de vida de las familias trabajadoras, y además reproduce una lógica que ya rechazaron en 2020, cuando las patronales intentaron el mismo esquema de acomodar salarios a la inflación sin permitir recuperación del poder adquisitivo.
Las ganancias extraordinarias que el sector no quiere compartir
El comunicado sindical pone en blanco sobre negro los números del sector. Las empresas aceiteras obtuvieron una ganancia adicional de 3.740 millones de dólares como resultado de la reducción de los derechos de exportación dispuesta por el gobierno nacional, cuyos recortes se aplicaron en tres etapas: enero, septiembre y diciembre de 2025, con bajas de entre el 27% y el 67% según el producto, respecto a los valores de 2023.
A eso se suma que en 2025 se batieron récords de producción y procesamiento de soja y girasol, pasando de 183 a 191 toneladas mensuales por trabajador, sin que las patronales incorporaran nuevos empleados. Los trabajadores, sostienen los gremios, produjeron más con la misma dotación. Y el peso de los salarios sobre el total exportado es apenas del 3,3% del valor de las exportaciones del sector, lo que deja en claro que el argumento de competitividad que esgrimen las empresas no resiste el análisis de sus propios números.






















