El gobierno de Donald Trump activó una nueva ofensiva comercial e impuso aranceles de entre el 10% y el 12,5% a las importaciones provenientes de 60 socios comerciales. La Argentina quedó posicionada en el grupo de la alícuota mínima del 10% junto a países como Canadá, México y el Reino Unido, bajo el argumento de la Casa Blanca sobre presuntas deficiencias en los controles del trabajo forzoso.
La medida abarca a la mayoría de los bienes exportados hacia el mercado estadounidense, aunque el impacto sobre la economía nacional se verá atenuado por una extensa lista de excepciones clave. Quedaron fuera del recargo sectores estratégicos como el petróleo y gas, fertilizantes, minerales críticos, alimentos específicos y aeronaves, además de industrias como el acero y aluminio que ya cuentan con regímenes propios.
Sin embargo, el mayor riesgo se concentra en las manufacturas industriales, alimentos procesados y economías regionales que no figuren en la nómina de productos exentos. Para estos rubros, el gravamen del 10% achicará los márgenes de rentabilidad y forzará la renegociación de contratos, además de generar dudas sobre cómo convivirá este impuesto con el acuerdo bilateral de comercio firmado entre ambos países a comienzos de año.






















