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“Con mucho amor, toda mi verdad”: la historia de un artista que a sus 42 años se convirtió en trans

Lucas Manso es un titiritero de Mar del Plata que tras años atrapado en un envase equivocado, tomó valor y a través de una carta comunicó lo que sentía y lo que quería para su vida. Conocé la historia de Lucila, su nombre actual.

Tras una vida masculina estándar, varios noviazgos fallidos y un matrimonio que apenas duró cinco años, Lucas Manso -un artista de Mar del Plata que encontró su vocación como titiritero- juntó fuerzas y luego de un largo proceso en silencio, decidió hacer un click en su vida y con una carta escrita a mano, comunicó a sus seres queridos que ahora en adelante se autopercibía trans. “Me di cuenta de que sentía algo en mi interior, y no supe su significado hasta una cierta edad de mi vida en que comencé a percibir un gusto por la feminidad y una atracción por los hombres”, son algunas de las líneas del manifiesto que sirvió de presentación para Lucila, su nueva identidad.

“Lo que me llevó a tomar la decisión definitiva fue que empecé a escribir en la computadora toda mi vida, desde que tengo siete años hasta ahora, y en esa escritura, al final de cuentas, me dije ‘Sí, es ahora, tiene que ser ahora el momento de cumplir con este deseo’”, contó sobre su transformación a un medio marplatense.

Lucila aseguró que “la decisión no tiene vuelta atrás, ya llegué a la mitad de mi vida, quiero vivir como realmente sienta, es ahora o nunca”. Y afirma: “Ser trans tiene que ver con aceptar cómo me siento internamente”. Además, aseguró que hizo pública su historia por otras personas en su misma condición: “Lo cuento por aquellos que les cuesta expresarlo y salir del closet. Hay personas a las que se les hace más difícil, que se han suicidado porque no lo podían hablar”, admitió.

Al momento de exteriorizarlo, reunió a sus amigas del colectivo artístico Hazmerreír y les leyó la carta titulada “Con mucho amor, toda mi verdad”, no ya como Lucas, sino como Lucila. Dos días después hizo lo mismo con sus amigos varones del grupo y más tarde vino el encuentro con sus padres, a quienes les dio idéntico mensaje, pero con muchos más nervios. Recibió una gran compresión de todos lados.

“Así como yo tengo el coraje de aceptarme y hacer este cambio, mi papá y mi mamá también tienen la fuerza y el coraje para aceptarlo y no tuvieron miedo en el proceso que a ellos les toca”, destacó.

Manso recuerda de su época varonil que “tuvo muchas novias”, e incluso  llegó a estar casado por cinco años, pero asegura que en realidad no estaba enamorado de ellas, sino de la esencia de sus parejas. “Las chicas se daban cuenta de que no era lo suficientemente hombre y me terminaban dejando”, aclaró. 

Llegado los 30, recuerda, se animó a dar un nuevo paso: experimentar con la ropa de mujer, pero entre las paredes de su casa, pero lo que realmente lo motivó a continuar en la búsqueda de lo que sentía fue una la historia de un familiar cercano, que vivió el proceso de convertirse en varón trans. Esto le abrió las puertas de un mundo distinto. “Empecé a vivir todo su proceso con él, y me animé a contarle lo que me pasaba”, confesó.

Lucila remarca que hay algunos conceptos que le parecen centrales: “Una cosa es el género biológico, otra la identidad de género y otra es la expresión de género. Mi identidad de género siempre la supe, es ser mujer. Y además me identifico más con la energía femenina que con la masculina. Pero también está mi expresión de género, cómo quiero que me vean, cómo quiero que me traten. Tiene que ver con la feminidad en el sentido estético, me gusta ser mujer, maquillarme. Eso que antes hacía en la intimidad ahora quiero mostrarlo. Y para dar ese paso yo tenía que contarlo. Al escribir todo esto empecé a juntar fuerza y coraje para poder transmitirlo”, relató.

“Ser transgénero es aceptar que yo soy biológicamente un hombre, pero que nunca me sentí identificado con mi sexo biológico, nunca me sentí representado con la masculinidad”, añadió.

En cuanto a mostrarse a la sociedad como ella quería, dijo que una amiga la ayudó con la vestimenta en su primera salida a la calle como Lucila: “Salimos a caminar por el barrio con barbijo. El barbijo es algo que me ayudó porque ocultar un poco el rostro me facilitó muchísimo”

“A los días salí a caminar sola con la ropa que elegí ponerme. Me compré maquillaje y zapatos y a partir de ahí no me vestí nunca más como Lucas”, finalizó.

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