A trece años de la explosión de Salta 2141, Rosario volvió a detenerse para recordar a las 22 víctimas fatales y acompañar a sus familiares.
El acto se realizó este jueves en el Espacio Cultural y Educativo de la Memoria y la Música, construido en el lugar donde se encontraba el edificio destruido por la fuga de gas del 6 de agosto de 2013.
A las 9.38, el horario exacto en el que se produjo el estallido, los asistentes guardaron un minuto de silencio. Participaron familiares, sobrevivientes, bomberos, rescatistas y autoridades municipales.
Entre los presentes estuvieron el intendente Pablo Javkin, la presidenta del Concejo Municipal, María Eugenia Schmuck, y representantes de las áreas de Cultura y Gobierno de Rosario.
Memoria, cultura y educación
Durante la ceremonia se repasaron las actividades que actualmente se desarrollan en el memorial.
Leonela López, familiar de una de las víctimas y trabajadora del espacio, leyó un poema y destacó que la historia de Salta 2141 continúa construyéndose mediante muestras, presentaciones de libros, propuestas educativas y actividades culturales.
El edificio alberga además al profesorado de música Carlos Guastavino y funciona como lugar de encuentro y transmisión de la memoria sobre la tragedia.
La conmemoración no se limitó al recuerdo de quienes murieron. También estuvo atravesada por cuestionamientos al resultado del proceso judicial.
“Nadie fue preso por lo que pasó”
Marcela Nissoria, quien perdió a su pareja Hugo Montefusco en la explosión, volvió a expresar el reclamo de los familiares por la falta de condenas efectivas.
La referente recordó que la única pena fue de cuatro años para el gasista Carlos García, quien ya recuperó la libertad, y sostuvo que el sistema judicial concentró la responsabilidad en el eslabón más débil.
También señaló que continúa vigente la consigna que durante años acompañó las manifestaciones de los familiares: 22 fallecidos, once imputados y ninguna persona detenida.
La explosión fue provocada por una pérdida de gas mientras se realizaban trabajos en el edificio. Además de las víctimas fatales, dejó decenas de heridos, viviendas destruidas y una huella permanente en la ciudad.
Trece años después, el acto volvió a unir el homenaje con una demanda que permanece abierta: mantener viva la memoria y reclamar responsabilidades por una de las mayores tragedias urbanas de Rosario.





















