Perú volvió a protagonizar una de las elecciones más ajustadas de su historia reciente. El balotaje presidencial entre la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, y el postulante de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, se encamina a una definición voto a voto luego de que los primeros conteos rápidos mostraran diferencias mínimas entre ambos aspirantes.
Las estimaciones elaboradas por Ipsos y Transparencia otorgaron una leve ventaja a Sánchez, con 50,3% de los votos válidos frente al 49,7% de Fujimori. Sin embargo, el margen se encuentra dentro del error estadístico, por lo que ninguno de los candidatos puede ser considerado ganador.
La elección expuso nuevamente la fuerte división geográfica y social que atraviesa al país. Mientras Fujimori mostró un mejor desempeño en Lima y en los principales centros urbanos, Sánchez logró imponerse en regiones rurales y zonas del interior peruano.
Con el avance del escrutinio oficial, la tendencia fue cambiando a medida que comenzaron a incorporarse los votos de regiones alejadas, históricamente más favorables al candidato de izquierda. Analistas locales advirtieron que el resultado podría demorarse varios días debido a la escasa diferencia entre ambos postulantes.
La elección se desarrolló en un contexto de fuerte inestabilidad política. Perú acumula ocho presidentes en una década y atraviesa una prolongada crisis institucional marcada por enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso, denuncias de corrupción y una creciente inseguridad.
Desde ambos espacios llamaron a esperar los resultados oficiales. Fujimori reconoció públicamente que el escenario es de “empate técnico”, mientras que Sánchez pidió tranquilidad y respeto por el proceso electoral.


















