El paso del presidente Javier Milei por San Pablo (Brasil) volvió a encender la mecha de la tensión bilateral. Durante su participación en la Convención Nacional del Partido Liberal, donde se lanzó la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro para los comicios de octubre, el mandatario argentino apuntó duramente contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a quien tildó de “ladrón” y “totalitario”, e insultó al juez del Supremo Tribunal Federal (STF), Alexandre de Moraes. El libertario se refirió como “basura socialista”, a quienes son oficialismo en ese país.
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Las reacciones institucionales en el país vecino no tardaron en llegar. Edinho Silva, presidente del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), calificó de “inadmisible” el discurso de Milei por atacar la soberanía y las instituciones locales en pleno acto electoral. Silva remarcó que las declaraciones del mandatario argentino “no están a la altura del cargo que ocupa” y consideró un exceso que utilice recursos públicos para intervenir en la política interna de otra nación.

Por su parte, la máxima instancia judicial de Brasil también sentó posición de forma contundente. El titular del STF, Luiz Edson Fachin, tildó de “irrespetuosas” e “incompatibles con la civilidad entre Estados” las descalificaciones hacia el magistrado Moraes, a quien la justicia negó el permiso para recibir a Milei mientras cumple prisión domiciliaria. De este modo, el cruce de declaraciones elevó la disputa del plano partidario a un preocupante conflicto institucional entre ambos gobiernos.




















