El Gobierno nacional resolvió restarle dramatismo al mensaje pronunciado por Jorge García Cuerva durante el Tedeum del 9 de Julio y descartó responder públicamente a las críticas formuladas por el arzobispo de Buenos Aires.
En la Casa Rosada interpretaron que la homilía tuvo referencias políticas, aunque consideraron que no estuvo dirigida exclusivamente contra el presidente Javier Milei ni contra su administración.
Ante el mandatario y buena parte del Gabinete, García Cuerva pidió abandonar la intolerancia, los enfrentamientos permanentes y la crueldad contra los sectores más vulnerables. También cuestionó a quienes permanecen ocultos en “cuevas de corrupción” mientras aumenta la pobreza.
Pese al contenido del mensaje, el Ejecutivo optó por evitar una escalada. Funcionarios nacionales aseguraron que las palabras del arzobispo no generaron malestar relevante dentro del Gobierno y calificaron la ceremonia como parte de los pronunciamientos habituales de la Iglesia durante las fechas patrias.
La estrategia contrasta con episodios anteriores en los que Milei respondió o reinterpretó públicamente expresiones de García Cuerva. Después del Tedeum del 25 de Mayo, el Presidente había cuestionado algunos conceptos empleados por el religioso, aunque sin romper el vínculo institucional.
Esta vez, el oficialismo decidió tomar distancia incluso de las declaraciones de la diputada Lilia Lemoine, quien acusó al arzobispo de ser “peronista” y cuestionó duramente su discurso. Desde el Gobierno aclararon que esas expresiones fueron realizadas a título personal y no representan una respuesta oficial.
Uno de los fragmentos valorados por la Casa Rosada fue el cierre de la homilía, cuando García Cuerva recurrió a un mensaje de Lionel Messi para destacar que los argentinos pueden alcanzar sus objetivos cuando trabajan unidos.
El Gobierno también pretende conservar una relación estable con la Iglesia en momentos en que permanece abierta la posibilidad de una futura visita del papa León XIV a la Argentina.
La orden interna, por lo tanto, fue no amplificar la controversia y concentrarse en el reordenamiento de la gestión, la agenda legislativa del segundo semestre y el diálogo con los gobernadores.






















