Hacía varios días que estaba muerto cuando encontraron su cadáver en un descampado de Florencio Varela. Zapatillas deportivas, camisa lila, un sólo arito y el cabello teñido. A su lado había un puñal con el que intentó defenderse en vano: lo acribillaron de seis balazos por la espalda. Nadie merece un final así. Pero cuando las huellas dactilares revelaron su identidad los pesquisas dijeron que el ajuste era “cantado”. Juan Francisco Viarnes, alias “El Francés”, era un pesado del hampa, como se dice en la jerga policial.
Fue “soplón” de la brigada antidroga cordobesa, falsificador, estafador profesional en varios países y un experto en borrar sus propias huellas. Incluso llegó a fingir su propia muerte en Rosario para ahuyentar a quien quisiera encontrarlo.
El uso de credenciales falsas da muestra de un poder actoral digno de un personaje de Hollywood. Según su prontuario supo presentarse ante un juez federal como Coronel Retirado del Ejercito o agente de la ONU. Su estampa lo ayudó: gran porte, mirada clara, voz gruesa. Nunca se supo bien si fue un “infiltrado” en serio o se hacía pasar por “encubierto” para escabullirse mejor.
Tuvo domicilios en varias provincias como Chubut, Córdoba, Buenos Aires y también en localidades paraguayas. El último lo había registrado hace dos meses en la zona de Berazategui, donde utilizó sus contactos bonaerenses para que le brinden un “domicilio” que le permita tramitar una licencia de conducir nueva.
La dirección que brindó –en noviembre pasado– fue el primer lugar que visitaron los agentes que investigan el homicidio. Los moradores testificaron que El Francés nunca había vivido en el lugar, sólo les había pedido fijar ahí su domicilio.
Esclarecer el crimen va a ser difícil para el fiscal de la causa, Darío Provisionato, por la cantidad de cuentas pendientes que había en el historial de la víctima. Estafas, fugas y traiciones de los dos lados del mostrador, tanto el mundillo del hampa como el de agentes estatales. Al momento de su muerte tenía 66 años y había pasado los últimos tres prófugo, con pedido de captura internacional.

Dólares falsos y Narcoescándalo
La fama del Francés en las crónicas policiales pegó un salto en 2013 con una estafa con dólares falsos en la provincia de Córdoba que se presume eran proveídos por una banda rosarina. Su detención destapó la olla y la cosa empeoró cuando allanaron su domicilio y encontraron casi 400 mil dólares apócrifos. En su defensa Viarnes delató a la Policía cordobesa provocando un escándalo sin precedentes en esa provincia.
El Francés declaró que hacía tres años trabajaba como agente encubierto “ilegal” para la División de Drogas Peligrosas de Córdoba. Su testimonio provocó la renuncia del ministro de Seguridad, la detención de un comisario, condenas a varios uniformados y el descabezamiento de jefes policiales.
Vinculó a la Policía antidrogas con el narcotráfico y detalló cómo los uniformados plantaban estupefacientes para armar causas y eliminar competencia a favor de sus propios distribuidores.
Así se convirtió en “testigo protegido” pero en poco tiempo le perdieron el rastro. Por eso, en 2014 la Justicia Federal de Córdoba dictó una captura internacional para localizarlo. La primera pista apareció en Rosario.
Rosario, siempre cerca
En 2015 comenzó a correr un fuerte rumor. Se decía que Viarnes había sido ejecutado y enterrado en las afueras de Rosario por organizaciones criminales vinculadas a Los Monos. El dato principal salió de boca de un “informante” pero resultó falso.
Mientras los fiscales federales y provinciales discutían jurisdicción para investigar el crimen, El Francés estaba vivo, borrando sus rastros.
En 2016 cayó en Paraguay donde se presentaba como médico con una credencial falsa. Lo detuvo Interpol en la ciudad de Caaguazú, donde ejercía la medicina ilegalmente con el nombre de Juan Warnes. En ese país lo condenaron por el “uso de documento público de contenido falso” y lo extraditaron a la Argentina en 2021.
En 2022 fue condenado en Argentina por los delitos de falsificación y circulación de moneda falsa, estafa y falsificación de documento público. Le computaron la pena con un abreviado que firmó por la causa de Narcoescándolo con una pena única de cinco años y ocho meses de cárcel. Pero ese mismo año recuperó la libertad porque ya había cumplido el tiempo de la condena estando detenido durante el proceso y la extradición.
Secuestro y testimonio
La ambigüedad con la que se manejaba pudo verse diez años antes del Narcoescándalo, cuando declaró como testigo en el juicio contra una banda que capturó y asesinó a Cristian Schaerer, de 21 años, secuestrado en septiembre de 2003 en Corrientes. Aunque su familia pagó el rescate de 277 mil dólares, el joven nunca apareció. Sus captores se llamaron al silencio y nunca revelaron dónde está su cuerpo.
Viarnes testificó en el juicio que conocía a los secuestradores y había compartido celda con uno de ellos, Raúl “Caniche” Salgán. Y se prestó a usar micrófonos ocultos para grabar conversaciones con el acusado, por pedido del fiscal.





















