La situación de Lácteos Verónica volvió a tensarse en Santa Fe con un escenario cada vez más frágil: la empresa paralizó sus tres plantas y cientos de trabajadores quedaron sin ingresos, en medio de salarios impagos y un conflicto que no logra encaminarse hacia una salida estable. La firma, controlada por la familia Espiñeira, arrastra una crisis que se agravó durante 2025 y ahora se proyecta con mayor incertidumbre para 2026.
La postal se repite con más fuerza: retención de tareas, reuniones urgentes y promesas de pago que no se sostienen. Según trascendió en los últimos días, la empresa volvió a incumplir un esquema de cancelación salarial que buscaba descomprimir el conflicto, lo que derivó en el freno total de la producción en las plantas de Clason, Lehmann y Suardi.
Además del frente salarial, en el sector describen un problema estructural que profundiza el cuadro: la empresa no tendría volumen suficiente de materia prima para elaborar su propia línea de productos, lo que dejó a algunas plantas directamente detenidas y a otras con actividad mínima y por encargos a terceros. Ese esquema, conocido como producción “a fasón”, aparece como un salvataje parcial que no alcanza para estabilizar el funcionamiento ni garantizar previsibilidad laboral.
En paralelo, la crisis golpea de lleno en el entramado social de las localidades donde opera la firma. Con alrededor de 700 puestos de trabajo involucrados, la incertidumbre crece entre las familias, mientras el conflicto expone la falta de una solución de fondo: o se recompone el flujo productivo y financiero, o el deterioro seguirá empujando a la empresa hacia una situación límite.





















