Según relatan, se trata de una problemática que “viene de tiempos muy lejanos” y que nunca recibió una atención adecuada por parte de las autoridades y el correr del tiempo hizo que “El barrio esté colapsado y saturado”
Los vecinos del 7 de Septiembre afirman, señalan que la infraestructura original del barrio fue pensada para una cantidad de habitantes muy inferior a la actual y que la sobrepoblación, sumada a la falta de mantenimiento, ha generado una situación crítica en múltiples aspectos.
Uno de los principales problemas denunciados es el sistema cloacal. Los vecinos aseguran que “las cloacas están reventadas” y que las aguas servidas circulan constantemente por las calles, generando un grave riesgo para la salud pública.
“Vivimos con agua servida, esto afecta a chicos, adultos y personas mayores. Es gravísimo”, remarcan. Incluso señalan que, tras reiterados reclamos, las soluciones son temporales: “Destapan, pero a los pocos días vuelve a pasar”.
El estado de las calles es otro de los puntos críticos. Baches profundos, pavimento deteriorado y arreglos precarios forman parte del paisaje cotidiano. “Vienen, hacen un parche y dura un mes, si dura”, explica un vecino.
La situación impacta directamente en el transporte público: varias líneas de colectivos modifican sus recorridos de forma irregular debido al mal estado de las calles, lo que genera incertidumbre y largas esperas. “Esperás media hora y el colectivo dobla antes, te toman el pelo”, relatan.
Además, la falta de veredas seguras pone en riesgo a los peatones, especialmente a niños y adultos mayores. “Para bajar del colectivo tenés que pisar agua estancada”, describen.
El suministro eléctrico también presenta fallas graves. Al tratarse de un sistema subterráneo, las lluvias provocan daños frecuentes en el cableado. “Estuvimos tres o cuatro días sin luz y nadie sabía dónde estaba la falla”, aseguran.
La acumulación de residuos es otro problema persistente. Los contenedores están “rotos y desbordados”, lo que agrava las condiciones de higiene del barrio. “Vivir en la mugre es inseguro”, sostienen los vecinos, redefiniendo el concepto de inseguridad no solo como delito, sino también como la imposibilidad de vivir en un entorno saludable.
