El tejido productivo santafesino atraviesa un retroceso que empieza a sentirse con fuerza en el empleo y en la supervivencia de las empresas más chicas. Un relevamiento de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas (Apyme) Rosario reportó que, en la provincia, se perdieron unas 2.200 empresas y cerca de 15.000 puestos de trabajo, en un escenario donde el sector no ve señales claras de recuperación en el corto plazo.
El informe pone el foco en el impacto que está teniendo el actual rumbo económico sobre las pymes: caída de actividad, consumo retraído y costos que no aflojan al ritmo de las ventas. En ese marco, las firmas de menor tamaño —más dependientes del mercado interno y con menos espalda financiera— son las primeras en recortar turnos, frenar inversiones o directamente bajar la persiana.
Desde Apyme Rosario sostienen que el fenómeno no se limita a un rubro puntual: se trata de un proceso transversal, con efectos visibles en distintos sectores productivos y comerciales. El resultado, plantean, es una provincia que pierde densidad empresaria y capacidad de generar empleo formal, con un derrame directo en los ingresos familiares y en la economía de las ciudades.
La preocupación se amplifica porque, según el diagnóstico del relevamiento, hay pocas expectativas de que la tendencia se revierta si no cambia el contexto macroeconómico. En otras palabras: el problema ya no es solo “aguantar” un mal mes, sino sostener la estructura hasta que la rueda vuelva a girar.
Con este telón de fondo, el mapa productivo santafesino enfrenta un riesgo doble: por un lado, la pérdida de puestos de trabajo; por el otro, la desaparición de empresas que —en muchos casos— son el corazón económico de barrios, localidades y cadenas de valor regionales.




















