La conducción de la CGT volverá a sentarse este viernes en su sede histórica de Azopardo para definir la estrategia frente a la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei. La reunión del Consejo Directivo, prevista para las 11, llega atravesada por dos presiones: la falta de avances concretos en las negociaciones políticas y el empuje de sectores sindicales que reclaman medidas de fuerza inmediatas, con la posibilidad de un paro general sobre la mesa.
En la central obrera reconocen que la ronda de contactos con gobernadores no rindió como esperaban. Hubo encuentros y conversaciones, pero también audiencias que se cayeron a último momento y otras que directamente no se concretaron, lo que alimentó el malestar interno y fortaleció la postura de quienes piden endurecer la respuesta.
En ese marco, uno de los ejes de la cumbre cegetista será definir si priorizan el camino de las correcciones al proyecto —a través de tratativas con interlocutores del oficialismo y del Congreso— o si avanzan hacia una medida nacional de alto impacto, con paro y movilización, para condicionar la discusión parlamentaria.
La discusión se da, además, en un escenario sindical fragmentado. En paralelo, otros espacios gremiales y centrales vienen promoviendo acciones propias y anunciando movilizaciones para los días en que el Congreso trate el tema, lo que empuja a la CGT a tomar una decisión para no quedar desbordada por su flanco más combativo.
Por ahora, la definición formal quedará atada al resultado de la reunión: si se impone la línea dialoguista, la CGT buscará sostener la negociación; si gana terreno la postura dura, el paro general empezará a tomar forma como herramienta de presión directa contra la reforma.




















