Rosario le dio este lunes el último adiós a Horacio “Vasco” Usandizaga, el primer intendente electo de la ciudad tras el retorno de la democracia. El cortejo fúnebre partió por la mañana desde la cochería de Córdoba al 2900 y, pocos minutos después, llegó hasta el Palacio de los Leones, donde se realizó un breve homenaje antes de la inhumación en el cementerio El Salvador.
El vehículo se detuvo frente a la sede municipal, el mismo edificio desde donde Usandizaga condujo el Ejecutivo local entre 1983 y 1989. En las escalinatas, familiares, integrantes de la actual gestión, antiguos colaboradores, amigos y dirigentes de distintos espacios políticos lo despidieron con aplausos y saludos en un acto breve y emotivo.
La única voz de la familia que habló públicamente fue Marisol Usandizaga, hija del exintendente y actual jueza. Agradeció al intendente Pablo Javkin y a la presidenta del Concejo, María Eugenia Schmuck, por el reconocimiento que le hicieron en vida y remarcó que “los homenajes más valiosos” son los que se pueden compartir en el momento.
En un tramo más personal, describió a su padre como una figura intensa, de temperamento fuerte, sin grandes diferencias entre el personaje público y el ámbito privado. Pero subrayó lo que, para ella, fue su marca principal: la honestidad, más allá de errores o controversias que atravesaron su carrera política y deportiva.
Marisol también salió a desmentir una versión que circuló en medios nacionales a partir de información publicada en Wikipedia, donde se lo vinculaba con supuestas coimas en el Senado en 2001. Aseguró que se trata de un dato falso y sostuvo que su padre no estuvo imputado ni involucrado en esa causa; por el contrario, afirmó que fue uno de los que reclamó esclarecer los hechos y denunciar a los responsables.
Antes de la llegada del cortejo, Javkin volvió a recordarlo como un dirigente clave de los primeros años de la recuperación democrática. Señaló que su gestión le imprimió a Rosario una “jerarquía” distintiva y destacó su perfil combativo para reclamar por la ciudad. También remarcó que, pese a su delicado estado de salud en el último tiempo, correspondía despedirlo en el lugar que —dijo— había sido una de sus grandes pasiones: la Intendencia.
Tras la muerte de Usandizaga, el municipio decretó tres días de duelo, con banderas a media asta en edificios públicos y en el mástil mayor del Monumento, como señal de homenaje a una figura que dejó huella en la vida institucional rosarina.






















