Cristina Fernández de Kirchner retomó este martes su estrategia más conocida en los tribunales: convertir la declaración judicial en una tribuna política y responder con acusaciones al expediente que la tiene sentada en el banquillo. En una nueva audiencia del juicio por la causa de los cuadernos, la expresidenta volvió a cargar contra el fiscal Carlos Stornelli, cuestionó el accionar judicial y se mostró desafiante frente al tribunal.
La exmandataria eligió sostener una línea discursiva que ya había desplegado en otros procesos: denunciar una supuesta persecución en su contra y presentar la investigación como parte de una maniobra armada desde los tribunales federales. En esa secuencia, volvió a apuntar contra Stornelli por el caso vinculado al falso abogado Marcelo D’Alessio, un episodio que el kirchnerismo utilizó durante años para desacreditar la causa de los cuadernos, aunque el fiscal ya fue desligado judicialmente de esas acusaciones.
La audiencia mostró también un contraste con otras apariciones de Cristina Kirchner en Comodoro Py. Esta vez no hubo una movilización masiva en la calle ni un operativo militante de gran escala en las afueras de los tribunales. Su paso por el edificio judicial transcurrió con menor despliegue externo, aunque dentro de la sala sí estuvo acompañada por dirigentes, exfuncionarios y referentes cercanos a su espacio político.
Ya frente a los jueces, la ex presidenta mantuvo un tono de fuerte confrontación. Cuando el tribunal le formuló las preguntas de rigor, respondió con incomodidad y dejó en claro que no pensaba limitarse a una exposición técnica. A partir de allí, buscó llevar la discusión hacia otras causas, habló de supuestas irregularidades en expedientes anteriores y volvió a instalar que detrás del proceso judicial existe una intencionalidad política.
En uno de los momentos más tensos, condicionó la posibilidad de responder preguntas a que antes fueran convocados otros nombres que mencionó de manera explícita, entre ellos Stornelli, Mauricio Macri y Luis “Toto” Caputo. El planteo reforzó la idea de que su defensa sigue apoyándose menos en una refutación puntual de las pruebas y más en una impugnación general al sistema judicial que la investiga.
La escena también dejó ver un cambio en su posición política respecto de otras etapas. Si en 2019 había llegado a los tribunales con el envión de una victoria electoral y a días de regresar al poder como vicepresidenta, ahora su situación es distinta: comparece en un contexto mucho más adverso, con una condena previa en otra causa y con un liderazgo discutido incluso dentro del peronismo.
Aun así, Cristina Kirchner volvió a hacer lo que mejor conoce en el terreno judicial: tensar, desafiar y politizar la escena. En lugar de replegarse a una defensa clásica, eligió otra vez el ataque como argumento central y buscó resignificar el juicio como un capítulo más de su disputa histórica con Comodoro Py.


















