La historia de Bioceres parece haber pasado en pocos años de epopeya nacional a advertencia bursátil. La empresa que supo cotizar a 16 dólares en el Nasdaq hoy apenas supera los centavos. En enero, sus acciones se desplomaron 40% y ya cotizan por debajo de un dólar, ingresando en terreno de “penny stock”, ya que la acción cerró a u$s0,84 el pasado viernes 30 de enero. Si el precio no repunta en las próximas 30 ruedas, podría activarse un proceso de desliste en el Nasdaq, otro golpe simbólico y financiero para la firma que alguna vez fue señalada como el futuro del agro argentino.
En medio del derrumbe, la Bolsa de Comercio de Rosario decidió vender toda su participación en Bioceres Crop Solutions (BIOX), una salida institucional fuerte por parte de la entidad empresaria más relevante del sector agroindustrial. A pesar de que nunca tuvo una tenencia significativa, la Bolsa había respaldado públicamente a Bioceres en su histórica salida a Wall Street, celebrada como un hito provincial y nacional. Hoy, ese respaldo se transforma en distancia. La venta no fue significativa en monto, pero sí en lo que representa: nadie quiere seguir asociado a una empresa que atraviesa no solo una debacle financiera, sino también una tormenta reputacional.
Mientras tanto, en el Grupo Bioceres se esfuerzan por separar a Bioceres Crop Solutions y Rizobacter de Bioceres SA, la firma original que quedó cargada de deudas, sin activos ni operación, y que se encamina a una quiebra inminente. La excusa oficial es que son sociedades distintas, aunque hasta hace poco formaban parte del mismo relato corporativo. Ahora, según informó el periodista Mariano Galíndez, los abogados de acreedores ya prepararían las presentaciones judiciales para intervenir en el proceso de quiebra, que caería en el Juzgado Civil y Comercial Nº6 de Rosario. Pero el escándalo no termina ahí: hay estudios jurídicos rosarinos que analizan la posibilidad de avanzar en la vía penal contra los socios y el directorio. El motivo es grave, ya que muchos inversores habrían adquirido pagarés en la Bolsa convencidos de que colocaban fondos en una firma sólida del grupo, cuando en realidad el dinero fue a parar a una empresa sin activos, sin operaciones y con una carga de deuda impagable.
El silencio de su CEO, Federico Trucco, ante este panorama no hace más que agigantar las sospechas. Bajo su gestión, Bioceres pasó de promesa nacional a símbolo de desilusión financiera. El holding, que supo venderse como la joya de la biotecnología agroindustrial, hoy no puede sostener ni siquiera el precio mínimo para cotizar en el mercado norteamericano. El analista Salvador Di Stéfano describió con crudeza la situación actual mostrando la evolución del papel en el Nasdaq: “es una película de terror para los ahorristas”.
La caída de Bioceres no es sólo la de una acción, sino la de un relato. El de la empresa que iba a transformar el agro argentino, que consiguió apoyo institucional y que sedujo a inversores con un futuro verde e innovador. Hoy, ese relato se deshace entre precios por el piso, maniobras societarias turbias y la amenaza concreta de que la justicia penal empiece a pedir explicaciones.






















