Vecinos de la zona sur de Rosario manifestaron su malestar por el funcionamiento de una reconocida fábrica de helados instalada en pleno barrio residencial. Según relataron a VersiónRosario, el principal conflicto surge por el vertido de líquidos a la vía pública durante las noches, además de otras molestias asociadas al movimiento diario de camiones y al ruido que genera la actividad industrial en un entorno residencial.

La planta, que funciona sobre Sánchez de Bustamante al 400 en el barrio de Roque Sáenz Peña, ocupa una propiedad con varios metros de frente, pero sin carteles identificatorios. Si bien todos saben que allí opera una firma heladera de larga trayectoria, llaman la atención sobre la falta de señalización y de controles visibles. En ese marco, varios vecinos expresaron sus dudas sobre si el establecimiento cuenta con habilitación formal para operar en esa zona residencial.
“Cada noche descargan líquidos que inundan la calle. Es mucha cantidad y no sabemos si puede ser contaminante, pero recorre toda la cuadra y genera malestar entre quienes vivimos acá”, expresaron a este medio. Las imágenes enviadas por los vecinos muestran las veredas mojadas y sectores del asfalto cubiertos por estos desechos, presuntamente provenientes del interior del predio que pertenecería a la firma Cumbre Nevada.

Además del tema de los fluidos, los vecinos denuncian ruidos constantes y circulación de vehículos pesados. “Desde temprano entran y salen camiones. Golpean el portón metálico y eso resuena en toda la cuadra. Es imposible descansar tranquilo”, relataron.
El tránsito de estos camiones también trae aparejados conflictos con el estacionamiento. “Una vez tenía el auto frente al portón, sin ninguna señal de prohibición, y salieron empleados a moverlo por la fuerza. Se manejan como si la calle les perteneciera”, agregó una vecina que vive a metros del establecimiento.

Otro punto que despierta preocupación es la compatibilidad entre esta actividad y el perfil residencial del barrio. “Esta zona es tranquila, linda, ideal para familias. Llama la atención que una empresa de este tipo funcione acá desde hace tanto tiempo sin que haya una evaluación clara sobre el impacto que genera”, comentaron. Algunos residentes llevan más de una década en el lugar y aseguran que los problemas se vienen acumulando sin respuesta.
En ese sentido, surgieron sospechas entre los vecinos de que la fábrica no estaría debidamente habilitada para operar en ese entorno. “No tenemos certezas, pero nunca se vio un cartel visible, ni documentación, y todo el funcionamiento se da con mucha discrecionalidad. No sabemos si está todo en regla”, señalaron.
Según relataron, se realizaron diversas denuncias al municipio a través del chatbot oficial de la Municipalidad y del servicio 147. Incluso, en una oportunidad, personal municipal se presentó en el lugar, ingresó al predio y se retiró sin brindar información. Desde entonces, no hubo avances. “Sentimos que hay un manto de silencio. Nadie responde ni controla, a pesar de que este conflicto lleva años”, indicaron.
Los vecinos no apuntan contra la existencia de la fábrica en sí, sino contra la forma en que desarrolla su actividad dentro de un entorno urbano. “Sabemos que es una empresa conocida, no pedimos que desaparezca, pero sí que se adecúe a las normativas y que respete a quienes vivimos acá”, subrayaron.
La preocupación no es solo por lo estético o lo sonoro, sino también por posibles riesgos sanitarios. “No tenemos certeza sobre qué tipo de líquidos son los que tiran a la calle. ¿Es agua de lavado? ¿Contiene residuos químicos? Nadie nos explica nada, y eso genera más alarma”, explicaron.
Finalmente, los vecinos elevaron un pedido público a las autoridades. “Solicitamos que la Municipalidad de Rosario, el intendente Pablo Javkin, el Concejo Municipal de Rosario o quien corresponda tome cartas en el asunto. Esta situación se repite cada noche y necesitamos respuestas”, finalizaron.