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Voluntario en un merendero y querido por todo el barrio: la víctima número 130 de la inseguridad en Rosario

La balacera ocurrida en Centeno al 2500 tuvo como víctima a Ariel Leguizamón “un pibe sin maldad” como lo describieron sus vecinos.

Una vez más el dolor se apodera de una zona de la ciudad en donde la inseguridad y las batallas entre narcos se cobraron una nueva víctima, a quien sus muletas no le permitieron guarecerse rápidamente cuando la ráfaga de balas llegó a la esquina de Centeno y Rodriguez.

El hecho ocurrió el domingo cerca de las 21.30 cuando tres motos pasaron a los tiros por la zona de Centeno al 2500. Los vecinos que es encontraban en la calle, corrieron a esconderse aterrados por una situación que lamentablemente ya no sorprende. En este ataque, esta vez “le tocó” a Ariel Leguizámon, quien estaba con muletas y por ende imposibilitado de hacer un movimiento rápido para salvarse de la balacera. Al menos dos disparos lo alcanzaron dejándolo con heridas de muerte, que se consumó un rato más tarde en el Hospital Clemente Álvarez.

Ariel a quien en el barrio apodaban “Nico”, no tenía antecedentes penales, ni problemas con nadie. Era un joven de 25 años que trabajaba en el Centro Comunitario Luz, Esperanza y Vida haciendo pan casero. Dicho espacio funciona como un importante contenedor social en la zona, ya que además del emprendimiento de la panadería, funciona una unidad textil, un merendero, una copa de leche, y un espacio que constantemente tiende puentes y ayuda a sobrellevar la crisis económica.

Nico tenía a su pequeño hijo con su pareja Nadia, y repartía su tiempo entre el trabajo como panadero que había ido mejorando el oficio cada vez más y las labores voluntarias en el Centro Comunitario. “Uno de esos pibes que lo dan todo” dirían los vecinos de la zona. Leguizamon estaba en la calle juntando leña para cocinar un pollo al disco, andaba con muletas producto de una caída que había tenido en su moto. Como suele ser una imagen repetida en ese barrio, los vecinos se encontraban sentados en la vereda.

Las motos en carrera anunciaron la terrorífica escena que vivirían momentos después cuando comenzaron a escucharse los disparos. Dos hirieron de muerte a Nico, y otro niño que pierde a su padre, otro barrio que pierde a un “buen pibe” y un nuevo homicidio en la ciudad que pide a gritos un poco de paz.

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