La frase del ministro de Economía, Luis Caputo, encendió una nueva polémica en el sector textil. Al sostener que nunca compró ropa en Argentina “porque era un robo”, apuntó directo al precio de las prendas y dejó expuestos, una vez más, los tironeos entre el modelo de apertura importadora y la industria local. En Rosario, referentes del rubro salieron a contestarle con dureza y pusieron el foco en los costos que —aseguran— explican por qué la indumentaria se encarece.
Uno de los que recogió el guante fue el empresario Elías Soso, referente textil en la ciudad, quien negó que los precios respondan a una “avivada” generalizada. “Los empresarios no somos ladrones, no remarcamos el doble o el cuádruple. No nos hicimos millonarios con eso”, afirmó, y sostuvo que detrás de cada prenda hay décadas de inversión y trabajo. También cargó contra la dirigencia política al plantear que opina sin conocer el circuito productivo: “La clase política no existe; van a ver si le pagan un sueldo. No tienen un negocio, nunca pagaron un cheque, no saben nada”.
En su réplica, Soso pidió separar discusión de precios de simplificaciones y mirar “calidad, tipo de mercadería y contexto”. Señaló que Argentina convive con una presión impositiva elevada —municipal, provincial y nacional— que impacta en cada etapa de la cadena, desde la producción hasta la venta. En ese sentido, defendió el nivel de confección local asegurando que es muy bueno.






















