Un alarmante incremento en la tasa de suicidios dentro de las fuerzas de seguridad federales encendió las alarmas en el Ministerio de Seguridad de la Nación. Sin embargo, la postura oficial generó un fuerte revuelo por la falta de respuestas concretas ante un problema crítico. La ministra Alejandra Monteoliva confirmó en declaraciones radiales que los casos en 2025 aumentaron un 30% respecto al año anterior. A pesar de la gravedad del dato, le restó singularidad al asunto y sostuvo que los uniformados solo reflejan una tendencia que afecta a toda la sociedad.
“Hace diez años, en 2016, tengo eso datos muy claros porque era la Directora Nacional de Estadísticas Criminales, ocurrían 2.300 suicidios por año, y hoy estamos en 5.300”, dijo durante una entrevista radial la funcionaria del gabinete de Javier Milei. Efectivamente, los datos oficiales muestra que la tasa era de 7,3 en 2016, con la consumación de 2.897 casos en aquél año.
"Se incrementaron los suicidios de las fuerzas, sí, pero se incrementaron los suicidios en el país"
— Corta (@somoscorta) August 19, 2026
Alejandra Monteoliva dijo que "las fuerzas federales no escapan a esa realidad" y aseguró que "en 2025 hubo un 30% más que en el 2024". pic.twitter.com/lB7ZHyOrX4
Consultada acerca de si aumentaron los suicidios en las fuerzas federales, la ministra dijo: “Sí, por supuesto que sí, se incrementaron los suicidios en la fuerza en el año 2025, hubo un 30 por ciento más que en 2024”. Luego, aclaró: “Pero les cuento algo, se incrementaron los suicidios en el país, y las fuerzas federales no escapan a esa realidad”.
Cuando le preguntaron si el aumento del fenómeno tenía algún vínculo con la crisis económica y los bajos salarios de los uniformados, Monteoliva señaló que “responde a distintos motivos”, y apuntó que “hemos intensificado el acompañamiento”.
En lugar de anunciar protocolos sanitarios de contención profesional o mejoras estructurales, Monteoliva sorprendió al remarcar que el abordaje incluye la asistencia de la iglesia. Según explicó, las capellanías católicas y evangélicas funcionan como una herramienta de “escucha directa” para los agentes en crisis.
