A pocos días de romperse el “congelamiento” de la naftas por la guerra de Medio Oriente, el Gobierno nacional dispuso una nueva suba parcial en los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono que se aplicará durante mayo, aunque volvió a diferir incrementos pendientes correspondientes a actualizaciones previas.
La medida, oficializada mediante el Decreto 302/2026, establece que los tributos se incrementarán en montos específicos por litro, según el tipo de combustible. Concretamente, en el caso de la nafta sin plomo y la nafta virgen, el aumento del impuesto a los combustibles líquidos será de $10,398, mientras que el impuesto al dióxido de carbono se elevará en $0,637.
Para el gasoil, en tanto, el incremento será de $9,269 en el tributo general, $5,019 en el diferencial aplicado a determinadas regiones y $1,056 en el impuesto ambiental. Estos valores surgen de la tabla incorporada al decreto, que fija los aumentos puntuales que se trasladarán a precios durante el mes de mayo.
En consecuencia, el aumento global de ambos impuestos a los combustibles (impuesto a los combustibles líquidos e impuesto al dióxido de carbono) será del 0,5% en mayo, según precisó la Secretaría de Energía.
Por otro lado, el Ejecutivo resolvió postergar nuevamente la aplicación plena de las actualizaciones impositivas correspondientes a 2024 y 2025, que venían siendo diferidas en forma escalonada desde el año pasado. En lugar de aplicarse en mayo, como estaba previsto, esos incrementos se trasladarán a partir del 1° de junio, aunque es posible que luego vuelvan a postergarse.
El esquema de actualización de estos impuestos se basa en la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC, con ajustes trimestrales acumulativos desde 2018. Sin embargo, desde 2023 el Gobierno viene aplicando diferimientos parciales para evitar un impacto pleno en los precios de los combustibles, que afectan especialmente al resto de los precios de la economía.
Con esta medida, el Ejecutivo vuelve a administrar de forma discrecional el ritmo de actualización de los tributos sobre combustibles, un componente clave en la formación de precios de naftas y gasoil en el mercado interno, en la búsqueda de que no siga acelerándose la inflación que superó nuevamente el 3% mensual en marzo pasado.
