El oficialismo consiguió aprobar en la Cámara baja el proyecto de modernización laboral, pero tuvo que ceder en el punto más polémico: se eliminó el artículo 44 (licencias por enfermedades/accidentes), por lo que la iniciativa deberá regresar al Senado para su sanción definitiva antes del 1° de marzo.
En una sesión atravesada por tensiones y maniobras de quórum, La Libertad Avanza logró anotar un triunfo político en Diputados: la reforma laboral salió en general con 135 votos afirmativos y 115 negativos, sin abstenciones. Sin embargo, no fue una victoria “cerrada”: el texto llegó desde el Senado con un artículo que recortaba el esquema de licencias pagas y terminó tachado tras la presión de aliados y el costo público que acumuló el debate.
La clave no estuvo solo en el conteo final, sino en el arranque. El Gobierno alcanzó el quórum con una combinación de bancadas amigas (PRO, UCR, MID) y apoyos provinciales, empujados por gobernadores que jugaron para habilitar la sesión. Esa red de respaldos fue determinante para abrir el debate y sostener el avance del proyecto. Del otro lado, el peronismo había apostado a un plan de bloqueo: si no había quórum, no había ley. El razonamiento era lineal: una vez iniciada la discusión, la norma quedaba encaminada.
El clima se espesó sobre el final, cuando la oposición intentó aprovechar un momento de dispersión en el recinto y cuestionó la continuidad del debate por la caída del quórum. Hubo gritos, reclamos reglamentarios y un tramo de desorden que obligó a reordenar la conducción antes de llegar a la votación.
¿Qué cambió para destrabar la aprobación? La concesión central fue borrar el artículo 44, que proponía reducir el pago durante licencias por enfermedades o accidentes no vinculados al trabajo, con escalas del 50% o 75% según el caso y plazos acotados. Con esa poda, el oficialismo buscó ampliar el consenso y evitar que la sesión se le diera vuelta.
Con el artículo suprimido, Diputados aprobó una versión distinta a la del Senado. Por eso, el proyecto vuelve a la Cámara alta: si el Senado convalida el nuevo texto, habrá ley; si insiste con la redacción original, el conflicto parlamentario sigue abierto.




















