El video habla por sí solo. Diciembre tórrido, sol agobiante y un joven que entra con campera de invierno a una mueblería de barrio Echesortu. Actúa raro. La vendedora no sabe si va a sufrir un robo o un ataque sexual. Alcanza a pedirle que se vaya pero pasa todo lo contrario. Se trenzan en lucha cuerpo a cuerpo por todo el local. Ella, una estudiante universitaria aún más joven, se resiste. Él parece rabioso: le muerde un dedo de la mano, le saca las pertenencias y huye del lugar.
En pocas horas su retrato recorre el país. Tiene orejas grandes y salidas para afuera. En algunos portales lo apodan “el salvaje de Echesortu” y en otros mencionan su parecido con el Petiso Orejudo, el niño que cometió asesinatos seriales a comienzos del siglo pasado y encarnó -por su historial delictivo y sus enormes orejas- la obsoleta teoría lambrosiana que vinculaba rasgos morfológicos con predisposición criminal.
Ninguna característica física puede indicar un “tipo criminal”. Pero sí se puede decir que la comisión de ataques “al voleo” durante años y en distintos puntos del país hablan, en el menor de los casos, de fracaso en las políticas criminales. Y para muestras sobra un botón. Josué Alexis Urquía, de 32 años y nacido en Córdoba, tiene internaciones por trastornos de conducta y detenciones policiales por hurtos desde que era menor de edad en varias provincias argentinas.
De norte a sur
En uno de los primeros registros figura su internación en un hospital correntino de la ciudad fronteriza Paso de Libres cuando tenía 17 años. Efectivos de Gendarmería Nacional lo detuvieron en un micro de larga distancia en el que intentaba cruzar a Brasil sin documentos y acusado por pasajeros de sustraer pertenencias. En esa oportunidad el adolescente terminó hospitalizado por “trastornos de conducta” y más tarde se fugó del lugar.
Al parecer, los viajes de larga distancia en ómnibus muestran un patrón en su divagar que se fue encrudeciendo con el tiempo. Viajes sin boleto y hurtos menores a pasajeros dormidos en recorridos interprovinciales conforman gran parte de su prontuario policial de los primeros años de esta década en distintas provincias argentinas: Córdoba, La Pampa, Santa Cruz, Chubut, Corrientes, Buenos Aires. Sumó una anotación por exhibiciones obscenas y en cada detención brindó nombres diferentes.
A nivel judicial cuenta con un antecedente penal en la ciudad pampeana de General Pico donde lo condenaron por tres hurtos consumados y uno en grado de tentativa.
Para cuando llegó a Rosario el mes pasado contaba con una búsqueda de paradero emitida desde Córdoba y pedidos de captura activos en las provincias de Santa Cruz y Buenos Aires, a los que se sumó Santa Fe por el ataque perpetrado en la mueblería rosarina de barrio Echesortu, donde se lo observa como agresor físico y sexual.
De hecho, la Fiscalía de Rosario que tuvo acceso a las cámaras de vigilancia y al testimonio de la estudiante atacada asegura que el objetivo, más allá del robo, era cometer un abuso sexual. Por eso, cuando difundió su imagen y ordenó la captura lo describió como un sospechoso “peligroso”.
Raid al voleo
Tanto el video dentro de la mueblería como la captura de su rostro se hicieron virales. Las imágenes permitieron reconstruir parte de sus andanzas por el fin de año rosarino y dar con el testimonio de otras víctimas. Así se supo que tres horas antes de entrar al comercio de barrio Echesortu había intentado perpetrar un ataque similar en la misma zona, también contra la recepcionista de una escuela de conductores.
La joven que lo atendió dijo que le llamó la atención que llevara puesta una campera inflable con el calor agobiante que hacía en la calle, y pensó que había entrado por el aire acondicionado. Pero lo percibió nervioso y envió un alerta al teléfono de su jefa, que actuó con rapidez. Casi al instante, se escuchó una voz masculina anunciar por el parlante de las cámaras del local que estaban llegando. El muchacho encaró la puerta y se fue.
La Fiscalía le siguió los pasos tras la mueblería con el análisis de las cámaras de la ciudad. Así supieron que esa misma tarde se dirigió a la terminal de ómnibus de Rosario y luego lo registraron en Cañada de Gómez y Armstrong, desde donde fue derivado a Córdoba en calidad de detenido (acusado de robo el día de Año Nuevo) tras solicitar asistencia médica.
Tras conocer su paradero y corroborar la identidad, el fiscal Ramiro González Raggio inició trámites para que sea trasladado a Rosario y poder realizar la audiencia imputativa en el Centro de Justicia Penal de esta ciudad.
