Un relevamiento técnico elaborado por trabajadores de Vialidad Nacional encendió una nueva señal de alarma sobre el estado de la red vial del país: entre el 65% y el 70% de las rutas nacionales se encuentran en condición regular o mala como consecuencia de la falta de mantenimiento y la paralización de obras. En ese mapa de urgencias, la Ruta Nacional 33, que atraviesa el sur santafesino y conecta con el sistema productivo de la región, aparece señalada como uno de los casos más graves.
El informe, confeccionado por personal de distintas provincias, busca actualizar la información disponible sobre la infraestructura vial, ya que el último relevamiento oficial corresponde a 2023. Los nuevos datos toman como corte el 31 de diciembre de 2025 y describen un escenario que combina calzadas con fallas estructurales, deformaciones profundas, baches de alto riesgo y deterioro generalizado en corredores estratégicos para el transporte de cargas y de pasajeros.
En diálogo radial, el secretario gremial de la Federación del Personal de Vialidad Nacional (Fepevina), Fabián Catanzaro, explicó que el deterioro se aceleró en los últimos años y que la situación actual excede el mantenimiento preventivo: “Ya muchas tareas no se pueden hacer. Hay que hacer obra nueva en lugar de mantener, y eso sale entre cinco y siete veces más caro. Hay sectores que terminan colapsando”.
Según el relevamiento, el impacto se percibe también en la circulación diaria: la velocidad media en varios tramos se redujo a unos 60 kilómetros por hora, con consecuencias directas en los costos logísticos y en la seguridad vial. En ese contexto, el informe advierte un aumento interanual del 14% en la siniestralidad, con 4.369 muertes registradas, muchas de ellas consideradas evitables si existieran condiciones adecuadas de infraestructura y mantenimiento.
En Santa Fe, la Ruta 33 encabeza la lista de emergencias. El reporte la describe como un corredor fundamental para el entramado socioeconómico regional, pero con graves problemas de base, una calzada que cede debajo del asfalto y un ancho insuficiente para el tránsito pesado. Ese combo, remarcan, obliga a sobrepasos peligrosos y multiplica el riesgo, especialmente en momentos de alta circulación vinculados a la cosecha.
La percepción de los usuarios coincide con el diagnóstico técnico. Vecinos de localidades atravesadas por la traza la describen como “una ruleta rusa”, mientras que el deterioro también habría generado efectos colaterales sobre la actividad económica: dificultades de acceso, complicaciones para el abastecimiento y caída del movimiento comercial en zonas donde la ruta es la vía principal de entrada y salida.
El informe plantea que el cuadro no se explica por falta de capacidad técnica o recursos humanos, sino por decisiones de gestión vinculadas a la reducción de obra pública y a una baja ejecución presupuestaria. En esa línea, Catanzaro sostuvo que existe una deuda millonaria por el Impuesto a los Combustibles Líquidos, un fondo que por ley debe destinarse al mantenimiento de rutas, pero que no estaría llegando al organismo vial en los niveles necesarios.
Además de la 33, el relevamiento menciona otras rutas nacionales en condiciones críticas: la ex Ruta 11, clave para el corredor del Litoral, con bacheos recurrentes y mal ejecutados; la Ruta 151, vital para la logística de Vaca Muerta, con pozos de grandes dimensiones; la Ruta 34, con ahuellamiento severo en el noroeste; y varios corredores en Corrientes, afectados por fragmentación del pavimento debido al tránsito pesado.
Para el sector técnico que elaboró el documento, la situación de la Ruta 33 exige una intervención de fondo: no alcanza con bacheos puntuales. El reporte plantea que, debido al alto flujo de camiones, los parches actuales tienen una vida útil menor a seis meses y que la salida real pasa por una reconstrucción integral, capaz de devolverle seguridad y previsibilidad a una vía clave para Santa Fe y para el país.
