Después de más de ocho décadas vinculada a la fabricación nacional de termos, Lumilagro apagó los hornos con los que producía sus tradicionales ampollas de vidrio y avanzó en una reestructuración que modificó de raíz su modelo de negocio. La empresa dejó de fabricar ese componente en el país, redujo su plantilla de personal y comenzó a abastecerse con producción proveniente del exterior, en especial de China, India y Vietnam.
La histórica firma, fundada en 1941 y conducida hoy por la cuarta generación de las familias Nadler y Suranyi, atravesó un giro drástico en los últimos dos años. Según explicó su director ejecutivo, Martín Nadler, la compañía sufrió una caída del 50% en las ventas, lo que derivó en una fuerte reducción de personal: de 220 trabajadores en 2022 pasó a conservar unos 50 puestos directos y otros 50 indirectos. En ese proceso, unas 170 personas dejaron la empresa mediante retiros voluntarios.
El cambio más simbólico fue el apagado de los hornos en la planta de Tortuguitas, una decisión que puso fin a una etapa central de la industria local del termo. Lumilagro había sido durante años la única fábrica de termos de vidrio de América, pero el nuevo escenario comercial y la presión de productos importados alteraron por completo ese esquema.
Desde la compañía atribuyen buena parte de la crisis a la irrupción masiva de termos importados y al contrabando. Nadler sostuvo que el mercado local consume unos 4 millones de termos por año y aseguró que una cifra similar ingresa desde Paraguay, a lo que se suma mercadería que entra por otras vías. En ese marco, planteó que la competencia de productos más baratos, sumada al deterioro del segmento de vidrio, erosionó el corazón del negocio tradicional de la empresa.
Con ese panorama, Lumilagro decidió reforzar su línea de termos de acero y avanzar con fabricación en China. La empresa sostiene que producir en ese país le permitió lograr un ahorro del 15% en costos y mejorar escala y calidad. A la vez, dejó abierta la posibilidad de retomar una mayor producción local en caso de que cambien las condiciones macroeconómicas y vuelva a resultar conveniente fabricar en Argentina.
Pese al repliegue industrial, la firma no abandonó sus planes de expansión comercial. Según detalló Nadler, la estrategia ahora apunta a consolidar nuevos productos, ampliar exportaciones y abrir locales propios en distintas ciudades del país hacia 2030. También busca potenciar la venta de termos premium y artículos personalizados, una unidad que sigue operando desde la planta bonaerense.
El caso de Lumilagro sintetiza el dilema que enfrentan muchas industrias tradicionales: sostener identidad productiva local en un mercado atravesado por importaciones baratas, pérdida de escala y nuevas lógicas de consumo. En este caso, la marca sigue en pie, pero ya no bajo el modelo fabril que la convirtió durante décadas en un emblema argentino.
