La empresa, que cumplía un rol clave como proveedora de más de 15 ingenios azucareros, había comenzado a evidenciar dificultades durante el último año. La apertura de importaciones y la pérdida de competitividad frente a productos extranjeros deterioraron su margen operativo hasta volver inviable la producción local. A mediados de 2025 ya se habían concretado 25 desvinculaciones y, ante la abrupta reducción de ingresos, la firma recurrió a un concurso preventivo de acreedores que finalmente no logró evitar la quiebra.
El cierre no solo afecta a los trabajadores directos, sino que genera un efecto expansivo en la economía de la región. La planta abastecía insumos fundamentales para el envasado de azúcar, por lo que su salida del mercado obligó a los ingenios tucumanos a reorganizar de urgencia sus sistemas logísticos de cara al inicio de la zafra en marzo. La interrupción del suministro dejó a esas empresas sin su principal proveedor local.
En paralelo, el conflicto laboral escaló. Según denunciaron operarios, la compañía propuso abonar apenas la mitad de las indemnizaciones correspondientes y hacerlo en cuotas, planteo que fue rechazado. Parte del personal ya había iniciado acciones judiciales por salarios adeudados y obligaciones impagas.
La clausura de Panpack se suma a la baja de otra firma textil registrada en enero, consolidando un escenario de retracción industrial en la provincia. En lo que va del año, ya son dos las fábricas que bajaron sus persianas en Tucumán, en un contexto donde la actividad manufacturera muestra señales de debilitamiento sostenido.
Un síntoma de la crisis textil
El caso de Panpack refleja una problemática más amplia que atraviesa al sector textil argentino. La combinación de consumo deprimido, incremento de costos y competencia de mercadería importada ha puesto en riesgo la continuidad de diversas compañías históricas. Algunas ya aplicaron esquemas de suspensiones masivas como mecanismo de supervivencia.
Entidades representativas de la industria elevaron propuestas al Gobierno Nacional con el objetivo de aliviar la carga tributaria y preservar el empleo, aunque el deterioro del mercado interno complica cualquier intento de recuperación inmediata.
En Los Nogales, donde la fábrica constituía una fuente central de trabajo, el impacto social es directo. Decenas de familias quedaron sin ingreso estable en una localidad cuya dinámica económica giraba en torno a la actividad productiva de la planta.
El cierre de Panpack, más que un episodio aislado, se inscribe en un proceso de contracción que expone la fragilidad del sector manufacturero frente al actual escenario económico.





















