El fuerte descenso de las temperaturas volvió a poner bajo presión al sistema de abastecimiento de gas y encendió las alarmas en el sector industrial. Fábricas del Noroeste y el Litoral comenzaron a sufrir restricciones en el suministro, una situación que amenaza con afectar la producción durante buena parte del invierno.
Según cámaras empresarias, unas 120 plantas industriales ya enfrentan limitaciones para operar con normalidad. El impacto se concentra especialmente en provincias del NOA, donde la falta de infraestructura, los mayores costos energéticos y la escasez de gas complican a sectores clave de las economías regionales.
El aumento de la demanda residencial obligó a priorizar el abastecimiento de hogares, escuelas y hospitales. Como consecuencia, comenzaron los cortes sobre industrias con contratos interrumpibles y también restricciones sobre algunas empresas con contratos firmes.
Desde el sector fabril advierten que el problema se repite todos los inviernos, pero este año se agrava por la intensidad de la ola polar y por limitaciones estructurales del sistema de transporte de gas.
Las entidades industriales estiman que las restricciones podrían prolongarse entre 60 y 90 días si no mejora el escenario de abastecimiento. El mayor temor es que la falta de suministro derive en parálisis de producción, suspensión de turnos y pérdida de competitividad.
Uno de los puntos más sensibles es Salta, donde la Unión Industrial provincial alertó por el impacto en ingenios azucareros, empresas citrícolas, fábricas cerámicas y otras actividades que dependen del gas para sostener sus procesos productivos.
En Tucumán, industrias recibieron notificaciones para reducir a cero el consumo de gas natural hasta nuevo aviso, con el objetivo de garantizar el suministro a usuarios prioritarios. La medida obligó a varias plantas a frenar parte de su actividad.
También se reportaron inconvenientes en el sector citrícola, donde algunas empresas dejaron de recibir fruta y trabajan únicamente con materia prima almacenada. Otras suspendieron procesos vinculados al secado de cáscaras utilizadas para alimentación animal.
Las cámaras empresarias sostienen que la crisis no responde solamente al pico de consumo, sino también a problemas de fondo: menor capacidad de transporte hacia el norte, demoras en obras estratégicas, caída de la producción en la Cuenca Noroeste y necesidad de recurrir a Gas Natural Licuado importado a precios mucho más elevados.
El costo del GNL se transformó en otra preocupación. Mientras el gas local resulta más competitivo, el combustible importado encarece fuertemente la matriz energética industrial y golpea de lleno sobre los costos de producción.
El reclamo de los industriales apunta a una planificación energética de largo plazo. Advierten que, sin inversiones en transporte e infraestructura, los cortes seguirán repitiéndose cada invierno y afectarán especialmente a las regiones más alejadas de los grandes centros de abastecimiento.
