La industria textil y de la indumentaria volvió a mostrar señales de deterioro en el arranque de 2026. Durante el primer bimestre, las ventas del sector cayeron 8,4% interanual y la falta de demanda se consolidó como la principal preocupación empresaria, en un escenario atravesado por menor actividad, problemas financieros y pérdida de empleo.
El relevamiento sectorial expone que la debilidad del consumo ya no aparece como un fenómeno aislado, sino como una tendencia persistente. De hecho, 12 de los últimos 13 informes bimestrales registraron caídas en las ventas, lo que confirma que el rubro arrastra una crisis prolongada y sin un punto claro de recuperación.
A ese cuadro se suma el deterioro del empleo. Según los datos difundidos en la cobertura, los despidos ya alcanzan al 21% de las firmas del sector, mientras crecen además los inconvenientes en la cadena de pagos y la presión sobre la rentabilidad de las empresas.
Con menos ventas, financiamiento más ajustado y costos difíciles de trasladar a precios, la industria de la indumentaria enfrenta una combinación que golpea de lleno sobre pymes y talleres. El resultado es un sector que sigue achicándose, con más cautela que inversión y con una demanda que no logra reaccionar.


















