La distribución del ingreso en la Argentina mostró escasos cambios al cierre de 2025 y volvió a dejar en evidencia una brecha profunda entre los extremos de la pirámide social. Según los últimos datos difundidos por el Indec y retomados en el análisis publicado este 6 de abril, el 10% de la población con mayores ingresos percibe 13 veces más que el 10% más pobre.
El dato expone una desigualdad que no se agrava de manera brusca, pero tampoco retrocede. El coeficiente de Gini, uno de los indicadores utilizados para medir la concentración del ingreso, se ubicó en 0,427 en el cuarto trimestre de 2025, apenas por debajo del 0,430 registrado en igual período del año anterior. Esa variación mínima muestra un escenario de persistencia más que de mejora.
La distancia entre ambos extremos se explica también por cómo se reparte la masa total de ingresos: el decil más alto concentra el 32,3% del total, mientras que el más bajo accede solo al 1,8%. En otras palabras, el crecimiento nominal de los ingresos no alcanzó para modificar una estructura distributiva que sigue muy sesgada hacia los sectores de mayores recursos.
El informe también deja otra señal relevante sobre el mercado laboral: la mitad de las personas ocupadas gana menos de $800.000 por mes. Aunque el ingreso promedio de los trabajadores se ubicó en $1.068.540, la mediana fue bastante más baja, lo que revela una fuerte dispersión y confirma que una parte relativamente reducida empuja el promedio hacia arriba.
Cuando se mira por segmentos, la diferencia se hace todavía más visible. Los primeros cuatro deciles de ocupados perciben en promedio $392.439, mientras que en los niveles más altos los ingresos rondan los $2,5 millones. A eso se suma la brecha entre empleo formal e informal: quienes tienen descuento jubilatorio cobran en promedio $1.321.353, frente a los $651.484 de quienes trabajan en la informalidad.
La desigualdad también tiene un componente de género. Los varones registran un ingreso promedio de $1.191.364, mientras que las mujeres perciben $838.336, una diferencia que sigue reflejando una inserción laboral más precaria y peor remunerada para ellas.
En términos nominales, los ingresos crecieron 44,9% interanual, pero esa suba no se tradujo en una mejora distributiva sustancial. La foto que dejó el cierre de 2025 es la de una economía donde algunas variables sociales pueden mostrar alivio, pero en la que la estructura de desigualdad permanece prácticamente intacta.
