La temporada de verano en Rosario volvió a exponer un problema que se repite cada año: mientras crecen las actividades recreativas en el río y se multiplican los espacios con espejos de agua, también aparecen fallas estructurales en la cobertura de seguridad y en las condiciones laborales de quienes deben garantizarla. El Sindicato Único de Guardavidas y Afines (SUGARA) advirtió por la expansión de contrataciones informales y por situaciones que, según el gremio, dejan a turistas y vecinos expuestos a riesgos evitables.
El secretario general del sindicato, Ricardo Nallino, señaló que una de las principales irregularidades se da en la forma de contratación. Según denunció, en clubes y balnearios privados se extiende el uso del monotributo como mecanismo para evitar una relación laboral formal. Desde el gremio sostienen que, en esos casos, se trata de empleo encubierto: el guardavida cumple horarios, funciones y responsabilidades permanentes, pero queda sin los derechos básicos de cualquier trabajador registrado.
En esa línea, Nallino remarcó que el personal de rescate debería contar con obra social, aportes previsionales, ART y aguinaldo, y cuestionó la naturalización de acuerdos “en negro” en instituciones que, en otros ámbitos, sí blanquean a su personal. Para SUGARA, esa disparidad refleja una lógica de ajuste que recae sobre un rol clave en la prevención de accidentes.
Además del reclamo laboral, el sindicato puso el foco en un punto crítico: la falta de guardavidas en zonas a las que llegan visitantes desde Rosario, especialmente en paradores ubicados en la costa entrerriana. Desde el gremio advirtieron que muchas personas cruzan el Paraná en embarcaciones habilitadas y se encuentran con espacios donde se cobra ingreso, pero no hay cobertura profesional para emergencias en el agua.
Según Nallino, el problema se agrava porque la ausencia de seguridad no siempre es advertida con claridad, y el turista termina asumiendo un riesgo sin saberlo. En ese marco, planteó que debería exigirse la presencia de guardavidas en esos paradores o, como mínimo, que se informe de manera explícita que se trata de zonas sin servicio de rescate.
Otro punto señalado por SUGARA es lo que ocurre en los lugares de embarque. Nallino sostuvo que sitios como guarderías náuticas y sectores de ascenso a lanchas requieren cobertura profesional, ya que un accidente puede ocurrir incluso antes de llegar al parador. La advertencia apunta a la prevención: una caída al agua en un muelle o durante el abordaje también exige respuesta inmediata.
El gremio también encendió una alerta por un fenómeno más reciente en Rosario: el crecimiento de edificios de alta gama con piletas de grandes dimensiones sin guardavidas. Nallino afirmó que en torres premium —especialmente en zonas como Puerto Norte— funcionan natatorios que, por tamaño y uso, deberían estar regulados como cualquier otro espacio acuático.
Desde SUGARA describen estos complejos como “countries verticales”, donde circulan residentes, invitados y familias, lo que amplía la exposición al riesgo. En ese contexto, el sindicato reclamó que el municipio avance con una ordenanza que ordene la actividad y establezca exigencias claras para garantizar seguridad en esos natatorios.
Finalmente, el dirigente recordó que la prevención es compartida y pidió no trasladar toda la responsabilidad al guardavida. Señaló que el trabajador cumple su función de frente al agua y que el cuidado de niños y niñas también requiere supervisión familiar constante, incluso en espacios aparentemente seguros.
Con la temporada en marcha, SUGARA insistió en que el debate no puede quedar reducido a una discusión estacional: el gremio reclama reglas claras, controles reales y trabajo formal para un servicio que, cuando falta, se nota siempre tarde.
