La crisis industrial que atraviesa el sector automotor volvió a golpear a la planta de General Motors en Alvear, donde la compañía confirmó que durante 2026 mantendrá un esquema de suspensiones prolongadas, con una fuerte reducción del nivel de actividad y un impacto directo en los ingresos de los trabajadores.
Según se informó, la fábrica operará con un plantel reducido de menos de 600 operarios en actividad, mientras que el resto del personal quedará bajo un régimen de suspensiones. En ese marco, la empresa abonará salarios equivalentes al 75% del sueldo, en línea con los acuerdos establecidos en este tipo de medidas cuando se corta o limita la producción por razones de mercado.
La decisión se explica por la caída sostenida en la demanda y el ajuste de la planificación industrial, que obligó a reconfigurar turnos y nivel de fabricación. En la práctica, el esquema implica que la planta seguirá lejos de su capacidad plena y que los ritmos de trabajo serán intermitentes, con períodos de actividad acotada.
El anuncio profundiza la preocupación en el cordón industrial de la región, donde la planta de Alvear cumple un rol central por el volumen de empleo directo e indirecto que genera. También vuelve a tensionar el vínculo con el gremio, que observa con alarma el impacto del recorte salarial en un contexto de inflación acumulada y fuerte deterioro del poder de compra.
Aunque desde la compañía no se habló de despidos masivos, el escenario de suspensiones extendidas instala una incertidumbre de fondo: la continuidad del modelo productivo y el futuro de la plantilla en un mercado que todavía no muestra señales claras de recuperación.






















