Los casos de fuga de gas en hogares se incrementaron a casi la mitad de lo constatado en todo 2025 y aún no comenzó la temporada de invierno, donde este tipo de episodios está más latente. Es por esto, que la Municipalidad reitera usos y cuidados para prevenir estas incidencias.
De acuerdo a los datos aportados por el área, en 2024 se registraron en la ciudad 104 casos vinculados a este tipo de incidentes, una cifra que se incrementó a 129 en 2025, representado un aumento del 24%, en tanto en lo que va de 2026 ya son 55 las situaciones consignadas sobre este tipo de emergencias.
“Si bien el dato todavía no nos permite establecer comparaciones concluyentes, en conjunto la evolución de los últimos años sugiere que su incidencia muestra señales de crecimiento y una persistencia que requiere atención específica”, Gonzalo Ratner, director de Defensa Civil.
Las fugas de gas suelen desarrollarse de manera silenciosa, asociadas a fallas en instalaciones domiciliarias, conexiones defectuosas o intervenciones no profesionales. También incide el uso inadecuado de artefactos, como emplear hornos o cocinas para calefaccionar ambientes.
El olor característico del gas (similar al de materia orgánica en descomposición) suele ser la señal más evidente, aunque también pueden presentarse ruidos como silbidos en cañerías, llamas amarillentas en los artefactos o la aparición de hollín. Además, en algunas ocasiones, la exposición prolongada puede generar síntomas como mareos o dolor de cabeza.
Ante la sospecha de una pérdida de gas se recomienda evitar cualquier acción que pueda generar una chispa, ventilar el ambiente, cerrar la llave de paso, evacuar el lugar, y dar aviso inmediato a los servicios de emergencia (103).
Prevención
La revisión periódica de las instalaciones por parte de gasistas matriculados, el mantenimiento de los artefactos y la ventilación adecuada de los ambientes son medidas fundamentales para reducir riesgos. A esto se suma la necesidad de evitar soluciones improvisadas en instalaciones eléctricas y no sobrecargar las líneas.
Por otro lado, desde la dirección advierten que, en muchos casos, el peligro se agrava por la coexistencia de instalaciones eléctricas precarias. Cableados deteriorados, empalmes informales o la sobrecarga de líneas pueden generar chispas que, en presencia de una fuga, actúan como desencadenantes de situaciones de mayor gravedad.
En este sentido, Ratner señaló que “las fugas no generan por sí solas una explosión: lo que las vuelve peligrosas es el entorno en el que se producen”. Según explicó, la combinación entre acumulación de gas y fallas eléctricas configura uno de los escenarios más críticos que enfrentan los equipos de emergencia.
En este punto, cabe mencionar que desde la Dirección General de Gestión de Riesgos y Protección Civil se dictan cursos de ‘evacuación y riesgo eléctrico’ para saber cómo responder frente a episodios derivados de una crisis y, lo más importante, saber cómo prevenirlas.
Recomendaciones
– Instalación y mantenimiento
Revisar la instalación de gas al menos una vez al año con un gasista matriculado
Verificar que los artefactos estén en buen estado
Controlar que las llamas sean siempre azules
Asegurar que las rejillas de ventilación no estén obstruidas
– Uso seguro de artefactos
No utilizar la cocina ni el horno para calefaccionar
No dejar artefactos encendidos sin supervisión prolongada
Evitar conexiones improvisadas o modificaciones no profesionales
– Señales de alerta
Olor a gas (similar a ‘huevo podrido’)
Ruidos como silbidos en cañerías
Hollín o manchas en paredes o artefactos
Síntomas físicos como mareos, dolor de cabeza o náuseas
– Instalación eléctrica
Evitar sobrecargar enchufes
Reemplazar cables deteriorados
No realizar empalmes caseros
Tener en cuenta que una chispa puede activar una fuga
– ¿Qué hacer ante una fuga?
No encender luces ni artefactos eléctricos
Ventilar abriendo puertas y ventanas
Cerrar la llave de gas si es posible
Evacuar el lugar
Llamar al 103
