El episodio se originó luego de que Petri cuestionara la actitud de Villarruel durante la Asamblea Legislativa, señalando como inapropiado que utilizara su teléfono celular mientras el jefe de Estado brindaba el discurso anual. El dirigente mendocino interpretó esa conducta como una señal de distanciamiento político y sostuvo que la vicepresidenta ha mantenido una postura que, a su entender, favorece a sectores opositores y debilita la agenda gubernamental.
El cruce escaló rápidamente cuando Villarruel respondió en redes sociales con cuestionamientos directos hacia el exministro, recordando su paso por el Ministerio de Defensa y apuntando a la situación financiera de la obra social de las Fuerzas Armadas, IOSFA. La vicepresidenta vinculó la gestión anterior con el deterioro económico de la entidad y con la interrupción de prestaciones médicas que afectaron a personal militar y sus familias en distintos puntos del país.
En ese marco, también rechazó versiones que atribuían su conducta a una eventual intención de abandonar el cargo. Por el contrario, reafirmó su decisión de completar el mandato constitucional y sostuvo que existen sectores interesados en forzar su salida anticipada.
La controversia se profundizó cuando Petri replicó las acusaciones con una descalificación directa hacia la vicepresidenta, elevando el tono del enfrentamiento y dejando en evidencia el quiebre entre quienes integraron la fórmula presidencial en 2023.
La discusión pública se produjo en un contexto en el que ya habían quedado expuestas señales de frialdad institucional durante la ceremonia en el Congreso. El saludo protocolar entre el Presidente y la vicepresidenta fue breve y distante, y distintos gestos durante la jornada alimentaron versiones sobre la creciente tensión dentro del oficialismo.
Además, desde sectores cercanos a la Casa Rosada surgieron cuestionamientos adicionales hacia la actitud de Villarruel durante la sesión, reforzando la idea de un vínculo político deteriorado en la cúpula del poder Ejecutivo.
El enfrentamiento no solo refleja diferencias personales, sino también disputas más profundas sobre la conducción política, la estrategia parlamentaria y la gestión de áreas sensibles como el sistema de salud de las Fuerzas Armadas, cuya situación financiera continúa bajo análisis.




















