La campaña agrícola 2025/26 terminó con números históricos para el campo argentino. La producción total alcanzó las 169,2 millones de toneladas, un volumen que representó un crecimiento del 21% en comparación con el ciclo previo.
El salto estuvo explicado principalmente por el desempeño de tres cultivos: trigo, maíz y girasol. Los tres alcanzaron niveles récord de producción y se convirtieron en los grandes motores de una campaña atravesada por mejores rindes y un mayor aporte de toneladas.
La soja, pese a mostrar una reducción en la superficie sembrada, también aportó un resultado favorable. Los rindes se ubicaron por encima del promedio observado durante la última década, lo que permitió amortiguar el impacto de una menor área implantada.
El resultado consolida una recuperación significativa frente a campañas afectadas en años anteriores por condiciones climáticas adversas y menores niveles productivos.
Además del volumen total, la composición de la cosecha aparece como uno de los datos destacados. El trigo logró un nuevo máximo gracias a una combinación de superficie y productividad, mientras que el maíz volvió a mostrar su peso dentro de la estructura agrícola argentina.
El girasol también tuvo una temporada excepcional y ganó protagonismo dentro de la producción nacional. Su desempeño permitió complementar el aporte de los principales granos y ampliar el volumen total obtenido.
Para la economía argentina, una campaña de estas características tiene impacto directo sobre las exportaciones, la actividad logística, el transporte de cargas, los puertos y la disponibilidad de divisas.
Buena parte del movimiento se concentra en el complejo agroexportador del Gran Rosario, principal nodo de salida de granos, aceites y subproductos del país.
El crecimiento del 21% interanual deja así a la campaña 2025/26 como una de las más importantes de la historia productiva argentina y vuelve a colocar al sector agropecuario como uno de los principales generadores de actividad y exportaciones.