El Pasaje Pan, la tradicional galería ubicada en Córdoba 954, atraviesa días de tensión. Vecinos, comerciantes y profesionales que trabajan allí denuncian una escalada de robos e intentos de intrusión que se repiten con frecuencia y que, aseguran, se intensificaron en las últimas semanas, aprovechando el menor movimiento del centro por el período de vacaciones.
Uno de los episodios más graves ocurrió en un estudio jurídico del paseo. Según relató Gloria, comerciante del lugar, los delincuentes ingresaron a una oficina ubicada “a mitad de pasillo del lado de Santa Fe”, rompieron una ventana y forzaron una celosía que estaba cerrada. “Robaron todo: computadoras, muebles, y un destrozo… se lo hicieron a la chica”, contó. La situación generó preocupación entre los consorcistas: “Todos nos sentimos en la misma, porque yo guardo ahí mis cosas… pero ya no las guardo más”, admitió.
La sucesión de hechos, lejos de ser aislada, tiene un patrón que se repite. “Hace diez días pasó una cosa, hace quince días pasó otra, la semana pasada pasó otra”, enumeró Gloria, y recordó un caso que indignó a los frentistas: a fines de diciembre desapareció una escalera de uso común que estaba guardada en un cuarto de limpieza. “Se ve en una de las cámaras cómo un señor pasa por ahí, lo más campante, agarra la escalera y se la lleva”, describió. “Cada día alguien manda un mensaje: me robaron tal cosa, entraron… estos robos se vienen dando hace bastante y estamos asustados”, agregó.
Desde el consorcio también reportaron intentos de abrir puertas y movimientos sospechosos dentro de la galería, además del robo en el estudio de abogacía, donde —según detallaron— ingresaron por una ventana en plena tarde y se llevaron una computadora y otros elementos de trabajo. La sensación que predomina es la de vulnerabilidad, sobre todo en sectores internos del paseo y en horarios donde hay menos circulación.
Javier Craz, titular de un local, sostuvo que el problema excede a un comercio puntual: “El Pasaje Pan es un lugar abierto al público, es una suerte de calle. Así que buscamos ayuda a entes municipales para tener un poco de seguridad”. En esa línea, describió el modo en que operan quienes merodean el lugar: “Están atentos al error, por si hay una ventana entreabierta. Tal vez haya alguien que viene a estudiar los movimientos de la galería. Se meten en sitios un poco escondidos y forcejean puertas para intentar entrar a distintos lugares”.
Mientras crece la preocupación, los comerciantes advierten que el costo no es solo lo robado: también se acumulan gastos por reparaciones, refuerzos de cerramientos y reemplazo de aberturas dañadas. En un pasaje histórico y de tránsito permanente, el pedido es claro: más presencia y medidas concretas para frenar una seguidilla que, dicen, ya se volvió rutina.





















