Juan Cruz Esquivel, director de la investigación, y Felipe Vega Terra, director del Ciclo Básico Común de la UBA y codirector del estudio, presentaron un relevamiento que revela que casi el 50% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social.
El informe, titulado “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, sostiene que la vulnerabilidad dejó de ser un fenómeno marginal para convertirse en una característica estructural que alcanza a más de 4,1 millones de jóvenes en el país.
Dentro de ese universo, dos de cada diez jóvenes vulnerables se ubican en la categoría “Ni-Ni” (no trabajan ni estudian), pero los investigadores identificaron un núcleo todavía más crítico: el 33% de ese grupo, además de no trabajar ni estudiar, dejó de buscar empleo, un fenómeno que denominaron “Triple Ni”. Esquivel explicó que esta desconexión responde a una ruptura de las expectativas de progreso, en la que el mercado laboral dejó de percibirse como un espacio de inclusión accesible, y precisó que entre los jóvenes inactivos o desempleados apenas cuatro de cada diez buscó trabajo recientemente.
El relevamiento se realizó a partir de una encuesta presencial a 1.002 jóvenes de entre 18 y 29 años, llevada adelante entre diciembre de 2025 y enero de 2026 en los principales aglomerados urbanos del país, y utilizó el Índice de Privación Material de los Hogares (IPMH) del INDEC para definir la vulnerabilidad.
En materia de ingresos, el 56,9% de los jóvenes reconoció que el dinero que ingresa a su hogar no alcanza para llegar a fin de mes, una dificultad que se profundiza entre las mujeres (62,3%) frente a los varones (53%). En cuanto a la calidad del empleo, solo el 15% de los jóvenes vulnerables que trabajan cuenta con un puesto registrado, mientras que el 76,1% se desempeña en relaciones no registradas o en changas y cuentapropismo precario, principalmente en comercio, construcción y tareas de limpieza o cuidado. Vega Terra remarcó que, más allá de la formalidad laboral, la realidad material del 57% de los jóvenes no alcanza para cubrir los gastos del hogar.
La situación se agrava en los sectores de mayor vulnerabilidad social, donde apenas el 0,5% tiene un empleo registrado y el 70,2% no llega a fin de mes; además, la informalidad trepa al 51% entre quienes no terminaron el secundario, frente a un 35% entre quienes tienen estudios superiores. Pese a este panorama, la educación se mantiene como el valor social más respetado: el 85,7% de los jóvenes vulnerables cree que estudiar mejoraría su calidad de vida, aunque el 75,2% tuvo que interrumpir su formación y solo un 15,2% se plantea terminar sus estudios en los próximos cinco años. Al indagar sobre los obstáculos para progresar, los jóvenes señalaron mayoritariamente causas externas —falta de dinero (40,7%) y falta de oportunidades (30,5%)— por sobre las limitaciones familiares (2,1%), mientras que conseguir o mejorar un empleo aparece como la meta principal para el 31,9% de los encuestados.
En el plano emocional, el informe detectó un malestar generalizado: siete de cada diez jóvenes manifestó sentir nervios o ansiedad, y dos de cada diez dijo experimentarlos todos los días, mientras que más de la mitad reconoció síntomas de tristeza, desgano o depresión.
El relevamiento también relevó consumos problemáticos: un 38,1% admitió un uso excesivo del celular a diario, un 12,2% reconoció no poder controlar el consumo de alcohol, cigarrillos o drogas, y un 2,1% señaló no poder controlar las apuestas online.
