En las últimas semanas, el mercado de los combustibles en Argentina comenzó a evidenciar un cambio significativo en su dinámica de precios.
Lejos de los aumentos bruscos y anunciados que solían concentrarse en fechas puntuales, las petroleras adoptaron una modalidad más gradual y menos visible: subas pequeñas, pero constantes, que se aplican cada pocos días.
Este nuevo esquema se consolidó en un contexto de desregulación impulsado por el gobierno de Javier Milei, que eliminó la obligación de informar previamente los incrementos de precios con lo cual se perdió ese control social que se ejercía a las empresas que debían dar más detalles sobre porcentajes y motivos.
A partir de esta decisión, las empresas ganaron mayor margen para ajustar sus valores sin necesidad de anuncios oficiales, lo que derivó en un esquema más dinámico y más difícil de seguir.
En el marco del conflicto que sostiene Estados Unidos e Israel contra la República de Irán, como era de esperarse el precio del petróleo se disparó una vez más y los ajustes no tardaron en llegar.
En las últimas dos semanas, las estaciones de servicio han aplicado incrementos en bajos porcentajes de manera casi sistemática, en algunos casos cada 24/48 horas. Esta fragmentación de los aumentos evita el impacto inmediato de una suba fuerte (motivo por el cual el CEO de YPF dijo que los consumidores deberían aplaudir a las empresas) pero que en la práctica no genera otra cosa que un encarecimiento sostenido del combustible.
En Rosario a partir del aumento realizado por YPF en la jornada de este miércoles, no existe ningún combustible que tenga un valor de mercado menor a 2 mil pesos el litro.






















